Rohm2222

Cuando la ambición no descansa pone una mentira en cada guerra. Dilapidando hombres, espera que sucios sudarios firmen la paz con las venas vacías.

....... ............................................Que nada nos quite nuestra forma de disfrutar la vida

5.8.07

Cuento chino. (9)


Un trueno en la tormenta.

La lluvia es intensa, el monzón está en su apogeo. Los hermanos Chiang y Cheng están sentados bajo la marquesina de paja de su modesta casa contemplando absortos como las gotas de agua arrecian contra los charcos, rebotan, estallan, forman burbujas, crean ondas, se entrechocan en el aire multiplicándose en cientos de gotitas. Arrecian las ráfagas de viento sumándose el resoplido al concierto del agua. Una cortina de trasparencias brillantes se descuelga del débil tejado del cobertizo. Los nubarrones se suceden sin dar respiro ni asomo de claridad. El olor de las hierbas mojadas lo invade todo. Pero no hace frío, la humedad no se lo permite.
Cheng mira a Chiang.
-¿Qué piensas?- le dice.
-¡Pensaba…!
-¿En mi?
-¡Si!
-Pensaba… en que no puedes seguir pensando que los demás solo piensan de ti lo que tú piensas de ellos. Es que pienso que no deberías pensar que piensan que te afecta todo lo que piensen sobre lo que tú piensas de los demás.
Cheng abrió la boca pero no dijo nada.
-¡Piensa, hermanito, piensa! -recalco Chiang.
Ya se duerme el trueno y es cuando su atareado y promiscuo eco se ocupa de refrescar la tarde.

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18.3.07

Cuento Chino (8)

¡Adjetivos!
El viento sur soplaba caliente, húmedo y pegajoso; empujaba a Cheng ayudándole a subir cuesta arriba por el camino a su casa. Cuando llegó, encontró a su hermano mayor en la parte de atrás de la casa. Estaba junto a un manzano con una azada en la mano y haciendo un pequeño pozo.
-¿Que ha pasado... que estas haciendo...
-Enterrando este bolígrafo.-Dijo Chiang-
-¿Para que…?
-Para que la tinta del bolígrafo le susurre a las raíces del manzano el secreto de los reflejos azules en la piel de las manzanas.

En la huerta y entre todos los árboles frutales, volaban arrastrados por el aire caliente, miles de pequeños papelitos.
-¿Y todos esos papelitos…
-He troceado el más perfecto, bello, armonioso, sugestivo y afinado poema que he escrito. Sin mayor esfuerzo logré un verso atractivo, interesante, hechicero y seductor. He conseguido que la rima fuera agradable, ecuánime, perspicaz, cadenciosa, equilibrada e inteligente. Y sin dejar de ser una trova fuerte, justa, medida, intuitiva y profunda. Toda una encantadora maravilla.
-¿Y porque lo has roto… me hubiera gustado leerlo.
-Era tan sublime, sutil, clarividente y penetrante que no podía permitir que nadie lo leyera. Y menos que sufriera una relectura.
-¿Porque?
-La lectura lo distorsionaría, la voz lo contaminaría, una mirada permisiva lo mancillaría. No puedo consentir que los prejuicios lo frivolice, los sentimientos lo rebaje, el pensamiento lo envilezca, la prisa lo haga superficial, las intenciones le den acritud. No lo soportaría. Por eso lo convertí en trocitos y se lo regalé al viento del sur, que es el más sabio de los vientos.
-¿Podrías volver a escribirlo para mi?
-Imposible, los partos son únicos. He alcanzado el mayor grado de perfección a la que se puede aspirar en la creación de un poema, por eso no volveré a escribir nunca mas. Es inútil volver a intentarlo, jamás podría conseguir tan alto nivel.
-¿Al menos me podrías decir el titulo?
-¡Adjetivos!-Dijo Chiang-

Cheng retomó el mismo camino por el que había llegado, esta vez el viento caliente dándole en la cara y trastabillando cuesta abajo.
-¡Adjetivos! dice… siempre que sopla sur se pone igual… y eso que nunca ha oído a las Ketchup.
Se alejó canturreando…
Aserej¨¦, ja deje tejebe tude jebere
sebiunouba majabi an de bugui an de buididip¨….

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8.1.06

Cuento Chino (7)

Tratado de filosofía.

El cielo despejado, el aire limpio, un amanecer luminoso anuncia un brillante sol de primavera. Chiang se asoma a la puerta de calle, respira profundamente la luz de la mañana, se siente eufórico, vivaz, sabe que su reposo nocturno ha sido muy reparador. La noche anterior había comprobado lo cansado que estaba cuando al acostarse descubrió el peso de su cuerpo sobre el colchón. Había estado ayudando a realizar el trabajo comunitario de limpieza en caminos vecinales y resultó ser más duro de lo que pensaba.
Hoy Chiang tiene uno de esos días pletóricos, en los que apetece ver la salida del sol, a tal punto que sin desayunar se sienta a la puerta de su casa, donde habitualmente, hace su trabajo de canastero. Ve pasar un grupo de niños que van a la escuela. Los pequeños, cuchichean, se empujan, discuten caminando hacia atrás y realizan mil monerías ante la radiante mirada de Chiang. Poco después a paso cansino desfila el maestro al que saluda con efusiva reverencia. Chiang tiene el extraño deseo de volver a ser niño y maestro a la vez. Recuerda la época en que de adolescente comenzó a estudiar filosofía y lamenta el abandono de los estudios que espera retomar algún día.
Esta solo en casa, su hermano Cheng se ha ido durante algunos días a ayudar a una de sus tías que se encuentra sola y enferma. Entra en la casa caminando hacia atrás imitando el juego de los niños que vio antes. Sabe que su comportamiento infantil no va ha ser visto por nadie, como una ráfaga cruza su mente el recuerdo de sus padres, suspira profundamente y comienza a desayunar, como al pasar, de una estantería coge una hoja de papel y mientras mastica garabatea un breve texto.
Vuelve a salir a la puerta de calle donde esta vez pasa un grupo de alegres mujeres que van a trabajar al campo, secreteando entre ellas le miran, las señoras se sonríen con miradas cómplices y alguna mientras se alejan le grita algo sobre su condición de guapo soltero.
En ese momento se da cuenta de lo solo que está. Se da cuenta de todo el trabajo que tiene por hacer. Se da cuenta que tiene que repara el tejado. Se da cuenta que tiene muchos encargos de cestas. Se da cuenta que tiene la casa sin barrer. Se da cuenta que su hermano puede regresar en cualquier momento, rompe la hoja que ha escrito, no fuese que la viese su hermano, que le saca punta a todo y se burle de él. A la basura van los trozos de papel donde pone “Definición sobre la Idea de la Verdad”.
Una cálida brisa barre el suave polvo de la calle.

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17.12.05

Cuento Chino (6)

De charco en charco.

Una alfombra de hojas de tilo, mojadas por la fina lluvia que cae, cubre la calle sin asfaltar. Chiang recorre ese trayecto entre la sede de la cooperativa agrícola y su casa, dando extraños saltitos laterales. En vano intenta no embarrarse la ropa. Dando un último salto Chiang entra en su casa y casi se lleva por delante a su hermano Cheng.
La sede de la cooperativa, lugar de reunión y cotilleo, cumple múltiples funciones sociales y deportivas, es donde está el único teléfono de la aldea, además es el sitio al que llega el correo destinado a varios pueblos de la comarca..
Chiang agita eufórico una carta en su mano.
---Ha escrito el primo Fug, después de tantos meses parece que ha podido llegar a Europa!-Poco a poco se va calmando, ceremonioso se sienta y suavemente comienza a abrir el sobre.-
En el rostro de sorpresa de Cheng, después de reponerse de la brusca entrada de Chiang, surge un extraño brillo, no pierde de vista el sobre que su hermano parece no soltar nunca. Por fin Chiang deja el sobre en la mesa, Cheng con la boca entreabierta y mano temblorosa se apropia furtivamente de ese objeto de deseo y dócilmente lo atrae junto a su pecho. Chiang lee en silencio el breve contenido de la carta . Cuando termina, inclina la cabeza y mirando al suelo, con tono grave, reflexiona en voz alta.
...vaya..., nuestro primo Fug que ha nacido en esta aldea, ahora vive en una inmensa ciudad europea de la cual ni siquiera es capaz de pronunciar bien su nombre, siempre trabajó aquí en el campo, bajo el sol y la lluvia, ahora trabaja encerrado catorce horas diarias con luz artificial en un taller de costura donde no hay ventanas al exterior, aquí era el querido y considerado Fug y allí es un indocumentado que casi no puede salir a la calle por miedo a ser detenido, aquí, junto a sus padres, disponía de una muy modesta casa, ventilada y luminosa, ahora duerme en una pequeña habitación, encima de un colchón maloliente sobre el suelo, en compañía de veinte desconocidos, aquí nunca tuvo dinero, ahora tiene una deuda enorme que no sabe cuando terminará de pagar, la que contrajo por el viaje; aquí...
Chiang levanta lentamente su cabeza y mira a su hermano Cheng.
---Parece que el precio de la prosperidad es muy alto, no?.-murmura Chiang.-
Cheng en un extraño mutismo, sentado en la pequeña silla que tiene en un rincón de la habitación, resiste con la mirada hipnótica sobre las diminutas imágenes de los dos sellos de correo adheridos al sobre. En uno de los sellos Cheng puede ver el aplomado rostro del monarca de un mítico reino de quimera y en la otra estampilla una fantástica ciudad con rascacielos prodigiosos, inmensos comercios donde no falta de nada, luminosas fuentes de agua dulce donde las gentes tiran dinero a cambio de esperanza, un mundo donde todas las aspiraciones se hacen realidad, un mundo donde las riquezas se reparten por igual, un mundo de democracia donde todos tienen los mismos derechos, un mundo de justicia y solidaridad, en el que la posibilidad de progreso está avalada por ese rey magnánimo. Cheng cierra sus ojos mansamente y sonríe.
Afuera, en la calle mojada por la lluvia, es difícil distinguir, bajo el manto de hojas de tilo, donde se ocultan los charcos.

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4.12.05

Cuento Chino (5)


Tiempos de lectura!

Amaneció nublado, el cielo encapotado y la dirección del viento presagiaba el comienzo de la estación del monzón. Chiang que era un hábil tejedor de canastos, oficio que había heredado de su abuelo, recogió los materiales... con los que habitualmente trabajaba en la puerta de su casa para llevarlos a un cobertizo que tenían detrás. A Chiang le gustaba trabajar en la puerta y charlar con los pocos vecinos que pasaban por allí, en cambio en el cobertizo trasero nadie lo visitaba.
---Bueno, llegó la época de luchar contra la opresión.
---De que hablas –dijo Cheng-
---Con las lluvias hay menos trabajo y podremos leer más, no?. Ten en cuenta que de la lectura depende la salud social de la comunidad. Con conocimientos podremos luchar contra cualquier forma de dictadura, no?. Si quieres ser un imbécil, no leas.
Con el monzón podremos aprovechar más el tiempo leyendo. Piensa –dijo Chiang- en las aldeas el ritmo de la vida lo marca la naturaleza, de esto deberías aprender, Cheng , siempre hay una época para sembrar y otra para cosechar, no?.
Cheng escuchó atento y respetuosamente en silencio a su hermano. Se dio media vuelta y se alejó calle abajo, ladeando la cabeza de un lado a otro y murmurando:
--- Y otra, para ir a pescar al río... y otra, para beber con los amigos... y otra, para ir hasta el mercado de la ciudad a ver las chicas que vienen de los pueblos, y otra, para...

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30.11.05

Cuento Chino (4)


Los húmedos sueños de Chiang .

En medio de una noche muy fría... Chiang y su amada Li permanecían juntos y calientitos en su estrecha cama...
Chiang se acercó a la oreja de Li y abrazándola le susurro:
---Li, hacemos el amor?...
Li, molesta y removiéndose entre las sabanas contestó:
--- No! Solo besitos...

Fue el momento en que Chiang se despertó y pasando su mano por entre las sabanas frías, comprobó que estaba solo en su lecho.
Cerró los ojos con intención de seguir soñando, dijo:
--- De acuerdo, solo besos!
Su hermano Cheng que dormía en el catre contiguo abrió los ojos como platos y dijo:
---Queeeeé?...

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19.10.05

Cuento Chino (3)

Aciertos del pasado, errores de futuro.

Los brotes vegetales eran la evidencia. La aldea respiraba aires de primavera. Chiang suspiraba profundamente, en el momento que Cheng entró en la habitación. Chiang escondió rápidamente una foto entre sus ropas haciendo un movimiento brusco que no pasó desapercibido a su hermano. Mirando por el rabillo del ojo y con una media sonrisa en los labios Cheng preguntó:
---Que guardas ahí?
---No, nada... no?
---No tendrás secretos para tu hermanito...?
Chiang en un arrebato de confesión vergonzante.
---Es cierto me he enamorado y que?
---Bien... veamos esa belleza...
Chiang saca del bolsillo un recorte de periódico.
---Pero hermano a esta no la conoces, es una propaganda.
---Y que quieres, si no hay mujeres en la aldea, ya sabes, que hoy, en China solo hay hombres. Aquella política, que pudo ser un acierto en el pasado, de solo un hijo y si era varón mejor. Nos ha llevado a esto... ¡no hay mujeres! Y en el futuro será peor. Las próximas generaciones que quieran casarse con una muchacha china tendrán que ir a buscarlas a España para encontrar a todas las niñas que hoy están adoptando... no?
---Cheng se llevó el recorte hasta la pequeña silla que tenia en un rincón de la habitación, se sentó y muy silencioso no dejaba de mirar el rostro de la bella muchacha.
---Tu!... que eres mas joven que yo!... piensa hermanito, piensa!...

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2.10.05

Cuento Chino (2)


Chiang el ecologista.

Un agradable olor inundaba la casa. Era la hora de comer y el arroz estaba en su punto.
-Esto parece estar muy bueno.- dijo Cheng mientras se servia en su cuenco de madera un poco de pescado, varias verduras rehogadas y un tazón de arroz.
-No en vano tenemos la mejor cocina de las tres culturas...
-Que tres culturas?- masticó Cheng.
-La del arroz, la del trigo y la del maíz.- dijo Chiang mientras extraía de un sobre unos flamantes palillos de plástico verde.
-Y eso – dijo Cheng asombrado- desde cuando no usas tus palillos de madera como todo el mundo.
-Me he enterado que los palillos de plástico duran diez veces mas que los de madera. Si todos hiciéramos lo mismo, consumiríamos mucha menos madera y permitiríamos la recuperación de los bosques, no?
-Si es por eso tendríamos que hacer como los occidentales y usar tenedores.
-No todo lo que hacen los occidentales es bueno, no?
-Ya que están más desarrollados que nosotros –porque no?.
-Piensa –dijo Chiang- que si todos nosotros dejáramos de lavarnos y como los occidentales empezáramos a usar papel higiénico no quedarían bosques en el mundo.
Cheng dejo de comer y se puso a rumiar la idea en un rincón de la habitación. Se había quedado sin apetito. Chiang orgulloso de sus relucientes palillos de plástico verde untaba los trocitos de pescado en una oscura salsa, sin dejar de masticar.

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21.9.05

Cuento Chino (1)


Chiang no podía dormir.

La noche era oscura, húmeda y pegajosa como siempre.
Afuera llovía. ¿Y adentro? Adentro también llovía. En su catre, boca arriba, Chiang no podía dormir. Las gotas que caían del techo golpeaban con pérfida insistencia en la
frente de Chiang, que observaba con la celebre paciencia oriental como venían hacia su cara. Una a una, las gotas, estallaban en su frente obligándole a pestañear.
Fue entonces cuando Chiang bostezo escandalosamente. A su lado, su hermano Cheng, se despertó y preguntó:
----Que?... La gotera no te deja dormir.
No... las gotas me mantienen despierto, lo que no me
deja dormir es una idea.
----Cual es esa idea?
Ahora es de noche, no? Millones de nosotros estamos
durmiendo, no?
----Si. Y que? - dijo Cheng
Pues que mientras nosotros dormimos, al otro lado
del mundo, es de día, no? Y hay millones de occidentales trabajando y pensando como hacernos la faena.
Eso es lo que no me deja dormir.
Ambos con la celebre paciencia oriental no se movían y contemplaban como las gotas de la preocupación horadaban su cerebro. Y a partir de ese momento, en la
noche, que esta vez, era más oscura, húmeda y pegajosa,
eran dos los chinos que no podían pegar ojo.

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