Rohm2222

Cuando la ambición no descansa pone una mentira en cada guerra. Dilapidando hombres, espera que sucios sudarios firmen la paz con las venas vacías.

....... ............................................Que nada nos quite nuestra forma de disfrutar la vida

15.7.07

(18+17+16+18= )

El librero esa mañana sudaba la gota gorda, abriendo cajas. Parecía como si todos los distribuidores se hubiesen puesto de acuerdo para realizar los envíos el mismo día.
-Mira lo que aparece aquí.-dijo para si mismo. Sacó cuatro ejemplares de una de las cajas y los apartó detrás del mostrador, en un rincón.

-Esto si que es llegar a tiempo.- le dijo a la cliente que en ese momento entraba- acaban de llegar novedades de las que a ti te gustan y aquí los tienes con otros que te he estado reservando.
-Son mucho, casi veinte, no me puedo gastar tanto.-dijo ella ojeando títulos y autores.
-Es que hace mucho que no aparecías por aquí.-comentó el librero.

La cliente eligió cuatro obras y se las dio al librero que comenzó a pasarlas por el lector de barras de caja.
Eran ejemplares de la Editorial Gay y Lesbianas (EGALES).
Colección Salir del Armario.
• Un buen salteado. 18€.
• Un amor bajo sospecha. 17€.
• Dime que estoy soñando. 16€.
• Allí te encuentro. 18€.

-¿Anda, lo has hecho a propósito?-dijo el librero con sorna-
-¿El que?-dijo ella-
-No se si haz elegido por los títulos o por los precios -con el ticket en la mano- pero lo cierto es que suman 69.

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4.5.06

Otras anécdotas librescas.

# La rubia.
Entró en la librería como una tromba, era alta, rubia y bien vestida. Se dirigió al mostrador y sin prestar atención a la señora que en ese momento estaba siendo atendida por el librero. Dijo:
-¿Ha llegado el libro que le encargué?.
-¡Si!-. Era difícil olvidarse de esa cara y sobre todo del libro encargado.
-¡Justamente en uno de los paquetes de esta mañana!.- El librero se dio media vuelta y recogiendo un ejemplar de la estantería de detrás de él, donde están los pedidos, se lo dio a la rubia.
-Aquí lo tiene. “Estadísticas de la producción de añil en San Salvador (1989-1999)”.
Y siguió atendiendo a la señora que estaba antes.
La rubia, dio varias vueltas al libro mirando alternativamente la tapa y la contratapa, como asegurándose de que era ese el libro solicitado. Lo abrió y se puso a leer y estuvo hojeando varias partes con esa mala costumbre que tienen algunos lectores de querer dejar indeleblemente impresa su huella digital en todas y cada una de las hojas, mojándose el dedo en la lengua cada vez que pasan una hoja, por fin lo cerró, lo dejó sobre el mostrado y se encaminó hacia la salida. El librero dirigiéndose a ella.
-Oiga!¿El libro... ? La rubia sin siquiera darse vuelta, dijo: -¡No gracias, ya he visto el dato que quería saber!. Y salió dejando la puerta tan abierta como la boca del librero.


# Libro de miedo.
El niño apenas superaba un palmo la altura del mostrador. La madre a su lado le explicaba al librero que su hijo tenia dificultades con la lectura. Le quería comprar un libro y este puso la condición de que él lo elegiría. El niño miraba con ojos claros y expectantes todo lo que hacia y decía el librero.
-Vamos a ver –dijo el librero al niño- ¿Qué es lo que quieres?
Con absoluta seguridad el niño pidió una historia de miedo.
El niño de seis o siete años eligió uno entre los cuatro que le mostraron. El librero rutinariamente cogió el libro, la barra de pegamento, la pequeña etiqueta que tiene el logotipo, la dirección y el teléfono de la librería y untándola la pegó encima del precio que esta escrito en la primera pagina.
-¿Sabes para que es esto?- le pregunto al niño, que meneó la cabeza negativamente.
- Es para que tengas mi teléfono y así cuando leas este libro, si tienes miedo, tu me llamas en cualquier momento, ya sea de día o de noche y yo voy a rescatarte; ¿vale?.
El niño afirmó con la cabeza a la sonrisa socarrona del librero.
Algunos días después se presentó la madre en la librería y le informó al librero el éxito que había tenido el libro y de como su hijo devoraba la lectura. El niño estaba educado a leer un rato en la cama antes de dormir. Al segundo día de lectura el niño llamó a su madre y sentado en la cama con el libro en su regazo le dijo muy serio:
-Mamá creo que ha llegado el momento de que llamemos al señor de la librería.

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7.10.05

Anécdotas librescas:

Pase esta tarde por mi librería y digo mi, porque una buena librería que se precie no es de su propietario, sino de los clientes y su relación con los libros que revuelven, enredan, cotillean, hojean novedades, o no tanto, dejan todo desordenado, y así poco a poco se van haciendo dueños de tan magnifico espacio, convirtiendo el mercado en ámbito social y al librero en catalizador de la vida misma.

Bueno, dejémonos de literatura y vayamos a los hechos:

# Entra en la librería una señorita, se acerca al mostrador se dirige al librero y dice...
–¿Tiene el Código...? (momento de duda...) Que aprovecha el espabilado librero para hacerse el simpático, recuerda el titulo de moda y señalándole con el índice... dice:
-¿... DaVinci?
-No... Civil! –Afirma la sorprendida señorita.

# En una desértica tienda de libros estoy charlando con el librero cuando entra apresuradamente una señora que actúa como si estuviera fuera de lugar, con cierta actitud vergonzante y utilizando la técnica de la prisa fingida, esto no es cosa mía, sino de mi hijo, se acerca desde la puerta hasta el centro de la sala extendiendo el brazo, lleva en la mano un diminuto papel mal recortado que entrega al librero.
-Ya que pasaba por aquí... dice mi hijo que a ver si tienen este libro que lo necesita para mañana.
El librero habituado a recados de algunos adolescentes que tampoco pisan las librerías, lee el papelito y comienza la transformación, sus pupilas se dilatan, sus ojos empiezan a parecer dos huevos fritos, su boca empieza de deformarse en una extraña mueca lateral y por fin estalla en una carcajada insultante. La cara de la señora que se siente profundamente ofendida no tiene precio. Y para mayor afrenta de la señora me lo muestra, y yo comparto la risa y el asombro.
-Perdón señora pero no es para menos, con lo que pone aquí. ¿Este papel me lo puede dejar? La señora no contesta, ni un si ni un no.
El librero con una sonrisa en los labios se dirige al fondo. -Un momento voy a buscarlo.
El librero vuelve rápidamente con un ejemplar cuya tapa tiene un corte producido por una cuchilla al abrir el paquete.
-Es el único que nos queda, tiene un corte... pero si le corre prisa... con un poco de celo... y cuesta 7,90€ pero se lo podemos dejar a...
El librero ha bajado al nivel de zoco y esa es la arena que la señora mejor pisa, ya no esta en los medios, la humillación de antes se revuelve en furia y conocedora del terreno, arremete. Saca de la cartera 5€ que tira sobre el mostrador.
-Toma cinco euros y vas que chuta.
-¿Podría dejarme el papelito?- ruegan el librero y el testigo.
La señora compara la tapa del libro con lo escrito en el papel,
-No se lo llevo a mi hijo para que vea lo que ha puesto.
Salió con libro y papelito rápidamente y sin saludar. La señora no esta dispuesta a dejar pruebas de su paso por plazas como esta.
Este testigo que relata vio el papelito y aquí está una vulgar copia.

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